La jóven corresponsal Patricia Chanaba, estudiante del Colegio San Luis Gonzaga, nos deleita con una artículo acerca de a música, y su efecto que tiene tanto en las personas como en el mundo.
“El que escucha música siente que su soledad, de repente, se puebla.”(Robert Browning)
Cuando un sonido te cierra los ojos. Un acorde te saca tu mejor sonrisa. Una onda te obliga a cantar. Un ritmo te atrapa. Cuando una canción es tan fuerte y cambia tu ánimo, hasta tus sentimientos. Es porque la música simplemente es lo más parecido a la magia. Porque la música irónicamente es, magia.
A veces el mundo es un ruido desagradable. Se oscurece y generalmente no encuentras esa luz que te guía de vuelta a casa. A veces el mundo gira demasiado rápido, tan rápido que no puedes estar tranquilo en él. Puede ser el peor lugar para vivir. Enciendes la radio y de repente, la música se convierte en la salida más bonita cuando gritas pero nadie parece escucharte; cuando te sientes pequeño pero después de una canción, eres dueño del universo entero; cuando estás preso en todos los conflictos de la sociedad y luego de la primera armonía, abres tus alas y vuelas con plena libertad; cuando te riges a las reglas y al cantar, puedes hacer lo que quieras; cuando el mundo te tiene como un esclavo, pero al escuchar música, es el mundo entero quien está a tus pies. A veces el mundo se convierte en una guerra y te ves obligado a pelear en ella, y parece como si todo un batallón se levantara contra ti.
Pero entonces te colocas los audífonos y no tienes miedo. Percibes la muerte tan cerca de ti y aun así caminas. Sientes la adrenalina correr por tus venas y te atreves a vivir. Te atreves a sentir. Te atreves a amar. Te atreves a soñar. Te atreves a cantar.
Con música, todo es distinto. Literalmente, la vida se vuelve color rosa. ¿Quién dijo que todo se había acabado? Solamente aquel que nunca escuchó una nota en su vida lo habrá dicho. Es que es cierto. Puedes estar lleno de ira o de tristeza pero subes el volumen de la radio y de pronto te miras en el espejo y ¡oh sorpresa! Estás bailando. Un jueves por la noche estás estudiando y te levantas, enciendes tu música y comienzas a moverte al ritmo de ella. De pronto te das cuenta de que las horas parecieron segundos y perdiste dos o tres de ellas en tu tiempo por la música, pero no habrá sido un desperdicio porque es lo más lindo que hay; sin embargo te arrepientes porque es las tres de la mañana y no acabas de estudiar.
Cuando tus audífonos están a un volumen considerable, te pones a cantar y ¡admítelo! Piensas que cantas igualito que la o el cantante. Y te crees una superestrella en un concierto de un millón de fans. Pero no te avergüences, la música te hace sentir así. Te hace sentir diferente.
La música te lleva a hacer cosas de las que nunca te creíste capaz. Te enajena, te desequilibra. Escuchándola pierdes el control y tus audífonos están a explotar pero no te importa porque es lo que te gusta y la música te da la libertad para ser o hacer lo que quieras. Ser quien amas, decir lo que piensas y sentir lo que quieras es libertad. Y la música es lo más parecido a ella.
Un acorde, un sonido, una nota, te hace vibrar y vuelves a sonreír sin motivo alguno. Y sigue sin importar, pues la música te da alas para volar y llegar al paraíso si así lo deseas.
Y cuando traes puesto los audífonos meneando la cabeza al compás de la música, odias que te pidan que te los quites y te duele en el alma cuando te dicen que es un pasatiempo. La música no es un pasatiempo, es la expresión de la belleza. Es la vida misma en la más bonita de sus formas. A excepción del amor, la música es la única cosa perfecta de la creación de Dios.
Pueden criticar tu música, puede que para ellos sea ruidosa y ridícula pero ¡no! Es tu vida, que nadie te la arrebate. Y sepas que lo que diga el resto no tiene valor, porque no importa como lo vean los demás, la música merece ser peleada. Más aun sabiendo que cuando la escuchas, entras en el momento más romántico entre la hermosura de la vida y tú; deja de existir cualquier otro ser, pero la música está latente allí; no existe nada más, ni nada más importa. Solo ella, la más callada manera de expresar lo que sientes. La comunicación más perfecta que existe cuando el lenguaje se ha acabado. La manifestación artística más sublime sobre la faz de la tierra: la música.
La música apaga el ruido y enciende el sonido más agradable para el oído humano. Porque ella sencillamente tiene su belleza distinta a cualquier otra. Por eso yo la amo. Porque la música le baja el volumen al mundo.
Algunas personas creen en Dios. Yo creo en la música. Algunas personas rezan. Yo enciendo la radio.