María Alejandra Rodriguez, jóven corresponsal y estudiante del Colegio San Gerardo, nos detalla los usos de uno de los elementos más esenciales de este mundo: el carbono.
El carbono es uno de los principales componentes que forma parte de todos los seres vivos, ya que todos estamos compuestos en un alto grado del mismo, al igual los seres abióticos. Su principal importancia está en que puede formar enlaces con cuatro distintos átomos más, incluyendo otro carbono. Convirtiéndose en un elemento indispensable para que surja la vida, al permitir formar moléculas grandes, complejas y muy estables, características de los seres vivos.
En muchas ocasiones el carbón al estar en condiciones de alta presión, adquiere un nuevo estado sólido, transformándose a una piedra preciosa: el diamante. Una piedra muy valorada, y empleada como materia prima para la elaboración de joyas de gran valor comercial.
El descubrimiento de datación por el método del carbono 14 es muy útil y aporta con mucho valor para la ciencia. Al poder ser utilizado como un método para analizar y calcular la antigüedad de ciertos componentes de la naturaleza, así como la edad de los restos y antigüedades encontradas por arqueólogos.
El libro: “El Paradigma ¿O Cuento? De la Evolución, Una Investigación Científico-Cristiana, por Julio A. Rodríguez, detalla a profundidad la datación por radiocarbono- carbono14.
“Es la técnica basada en isótopos más fiable para conocer la edad de muestras orgánicas de menos de 60.000 años. El isótopo carbono14 es producido de forma continua en la atmósfera como consecuencia del bombardeo de átomos de nitrógeno por neutrones cósmicos. Este isótopo creado es inestable, por lo que, espontáneamente, se transmuta en nitrógeno-14 (14N). Estos procesos de generación-degradación de Carbono 14 se encuentran prácticamente equilibrados, de manera que el isótopo se encuentra homogéneamente mezclado con los átomos no radiactivos en el dióxido de carbono de la atmósfera. El proceso de fotosíntesis incorpora el átomo radiactivo en las plantas, de manera que la proporción en éstas es similar a la atmosférica. Los animales incorporan, por ingestión, el carbono de las plantas. Ahora bien, tras la muerte de un organismo vivo no se incorporan nuevos átomos de 14C a los tejidos, y la concentración del isótopo va decreciendo conforme va transformándose en 14N por decaimiento radiactivo.
La masa en isótopo Carbono 14 de cualquier espécimen disminuye a un ritmo exponencial, que es conocido: a los 5.730 años de la muerte de un ser vivo la cantidad de Carbono 14 en sus restos se ha reducido a la mitad. Así pues, al medir la cantidad de radiactividad en una muestra de origen orgánico, se calcula la cantidad de Carbono que aún queda en el material. Así puede ser datado el momento de la muerte del organismo correspondiente. Es lo que se conoce como "edad radio carbónica".
Este método ha servido para poder analizar y examinar descubrimientos arqueológicos y así poder aclarar y responder muchas de las preguntas que siguen siendo un misterio para la ciencia.